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Revolución #80, 4 de marzo de 2007

Carta:

Una pregunta urgente en las protestas contra el asesinato policial de Sean Bell:

"¿En esta lucha dónde están los blancos?"

Recibimos la siguiente carta de unos camaradas de Nueva York:

"¿Pero si él estaba tranquilo esa noche, si no estaba molestando a nadie, por qué lo siguieron? ¿Por qué lo rodearon los policías? ¿Sabrán ellos por qué lo rodearon? ¿Sabrán de verdad? Vuelvo a la pregunta que tengo: ¿por qué?"

Entrevista de Revolución a
William Bell,
padre de Sean Bell (#78, 11 de febrero)

 

25 de noviembre de 2006: A Sean Bell, un joven negro de 23 años, lo mató la policía de Nueva York en una ráfaga de 50 balas. Sean salía de su despedida de soltero con dos amigos, José Guzmán y Trent Benefield, horas antes de casarse. José y Trent resultaron heridos gravemente. A todos los esposaron en el suelo, incluso a Sean, que ya estaba muerto. En el hospital esposaron a José y Trent a la cama.

Muchos negros, apenados y airados por el asesinato, han participado en protestas y exigen justicia. Algunos les han preguntado a los revolucionarios y se han preguntado a sí mismos: ¿dónde están los blancos en esta lucha? ¿Por qué estamos luchando solos?

Esclavitud... linchamientos... prisiones... y policiás

La trata de esclavos y la travesía intermedia: Se calcula que desde
comienzos del siglo 16 hasta mediados del siglo 19, los tratantes de esclavos se
robaron a la fuerza como mínimo a unos 12 millones de africanos. De estos, de dos
a tres millones murieron de asfixia, hambre y disentería en los barcos negreros (el
transporte por el océano Atlántico de africanos se llama la "travesía intermedia"). De
los que sobrevivieron, muchos terminaron en la "tierra prometida", o sea las plantaciones
del Sur de Estados Unidos, donde los mataban de trabajo, separaban a las
familias vendiendo a esposos o hijos a diferentes dueños y violaron a una cantidad
incalculable de mujeres.

Leyes estatales que castigaban a los cimarrones y los que los ayudaban: Esta es una descripción de una ley de 1712 de Carolina del Sur "para la mejor organización y gobierno de los negros y los esclavos": "A los cimarrones mayores de 16 años ausentes más de 20 días les daban hasta 40 latigazos. Los dueños podían pagar a un policía 20 chelines para hacerlo. Huir una segunda vez se castigaba quemando una 'R' [de la palabra runaway: esclavo fugitivo] en la mejilla derecha. A los dueños los multaban 10 libras si no los castigaban así. Si un esclavo huía una tercera vez lo castigaban con 40 latigazos y le cortaban la oreja. Si huía una cuarta vez lo castraban. Si moría en el proceso, al dueño lo indemnizaban por el valor del esclavo con fondos públicos. Si huía una cuarta vez una mujer, la azotaban, le marcaban una 'R' en la mejilla y le cortaban la oreja izquierda. Si un esclavo huía cinco veces lo castigaban con la pena capital o le cortaban el tendón de Aquiles de un pie. A los dueños que no castigaban de la debida manera a los esclavos capturados los multaban. A los negros libres acusados de ayudar a un cimarrón, lo azotaban y marcaban la frente. A los esclavos que andaban fuera de su plantación sin permiso, los podían golpear, mutilar o matar". [http://www.slaveryinamerica.org]

Leyes federales de esclavos fugitivos: La Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 requería que los mariscales federales, la policía y hasta los ciudadanos comunes y corrientes ayudaran a capturar a los cimarrones. A los que no lo hacían los podían multar o meter a la cárcel. A los que cazaban a los cimarrones les pagaban una recompensa por cada uno. Desde la aprobación de la ley hasta la guerra de Secesión, a 332 cimarrones capturados los devolvieron a la fuerza al Sur. (slaveryinamerica.org)

Linchamientos, de 1890 a 1960: La NAACP informa que a 5,200 negros los quemaron, balearon o mutilaron chusmas linchadoras en los 70 años desde la traición por el gobierno federal de la Reconstrucción en el Sur [el breve período de 1867 a 1877, tras la guerra de Secesión] y el comienzo del movimiento de derechos civiles. No cabe duda de que murieron muchos más, dado que en muchos casos la policía ni siquiera los contaba. Antes de un linchamiento, se publicaban anuncios en los periódicos y se repartían volantes. Después, vendían postales con fotos de las víctimas.

La población carcelaria: Del 2004 al 2005, la cantidad de presos aumentó mil por semana, a un total de 2,186,230 (informe de mayo del 2005 del Departamento de Justicia). Más de la mitad son negros, aunque solo constituyen el 12% de la población. Un 3% de los negros está en la cárcel y otro 3% está en libertad condicional, en libertad bajo fianza, bajo arresto domiciliario o bajo la supervisión del tribunal. La población carcelaria hoy es seis veces mayor que en 1970.

"Parar y registrar", las tácticas del DPNY: El 2 de febrero, el Departamento de Policía de Nueva York informó que paró y registró a 508,540 personas en el 2006, un promedio de 1,393 al día y cinco veces más que en el 2002. De ese total, el 85% era negro o latino. En el 2003 la Comisión sobre Derechos Humanos concluyó que los agentes solo mencionaron oficialmente uno de cada 30 registros, así que es probable que la cantidad real sea mucho mayor que los 500,000 incidentes que reportó el DPNY en el 2006. (Ver: "DPNY: 'Parar y registrar': Criminalizar a los de los ghettos y barrios pobres".)

Asesinatos policiales: Se ha documentado que en los años 90 la policía asesinó a más de 2,000 personas en Estados Unidos, casi todos chavos negros y de otras nacionalidades oprimidas muertos a tiros. Se ha acusado y condenado a muy pocos agentes, y la policía y los medios normalmente les echan la culpa a las víctimas.

Varios corresponsales de Revolución en Nueva York hemos platicado con gente de diferentes nacionalidades y condiciones sociales sobre cómo explicar y cambiar una situación tan urgente e intolerable.

Los nuevos luchadores de todas las nacionalidades, tanto como los que han olvidado las lecciones de los años 60, tienen que examinar a fondo las razones de esta vergonzosa ceguera y complicidad de los blancos, como parte de captar y aprovechar el potencial que existe hoy para redoblar la lucha para arrancar de raíz la opresión de los negros y toda la opresión. Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, señaló que el problema con los blancos no es nada que una buena revolución proletaria no pueda solucionar.* Para entender esto más a fondo, hemos estado estudiando las charlas de Bob Avakian del verano pasado, especialmente "Why We’re In The Situation We’re In Today… And What To Do About It: A Thoroughly Rotten System and the Need for Revolution" (Por qué estamos en esta situación… y qué hacer al respecto: Un sistema totalmente podrido y la necesidad de la revolución) y "Communism and Jeffersonian Democracy" (El comunismo y la democracia jeffersoniana), que se encuentran en inglés en bobavakian.net y revcom.us, así como la actual serie de Revolución titulada "La opresión del pueblo negro y la lucha revolucionaria para acabar con toda la opresión". Esta carta menciona otras fuentes importantes.

Pensamos que entender este tema requiere examinar las raíces de este país y los cimientos económicos e ideológicos de la esclavitud y la explotación. Los que controlan los medios de comunicación y el sistema educativo han ocultado y tergiversado gran parte de esto: dicen que la historia de la esclavitud no tiene impacto en la situación actual… que la discriminación existía en el pasado pero ahora hay igualdad de oportunidad… que si los negros no pueden salir adelante es por culpa de ellos… a pesar de que toda la historia y la realidad actual de la opresión nacional sistemática son parte integral de la estructura de la vida económica, política y cultural de Estados Unidos.

Especialmente para los que quieren "regresar a los ideales" de este país o "retomar la democracia jeffersoniana" al ver el programa fascista de la camarilla de George Bush, recomendamos dar un vistazo más detallado y objetivo a los cimientos de tales conceptos (por ejemplo la “igualdad del hombre” y “la libertad universal”), a cómo este sistema capitalista-imperialista se desarrolló a partir de esos cimientos, y al mundo liberador que es posible y necesario para arrancar de raíz toda la explotación y opresión.

Es sumamente importante examinar el enorme costo humano, en forma de miseria, dolor y muerte, de esa historia, que empezó con la trata de esclavos y la "travesía intermedia" [el transporte a las Américas] y continúa hoy. (Ver la cronología que acompaña esta carta).

Sean Bell y miles más muertos en el curso de esa historia son víctimas de los ejércitos de policías, militares y negreros que han impuesto y mantenido el sistema de explotación de docenas de millones de seres humanos, en las plantaciones en la época de la esclavitud y en la situación de miseria impuesta a miles de millones por todo el mundo hoy.

Lo que se necesita es una resistencia masiva a los asesinatos policiales y la dirección genocida en que está encaminado este país. Los blancos y otros que se consideran bien informados y gente de conciencia, pero que no han respondido ante esta situación, tienen que abrir los ojos y ver de dónde viene, adónde va, en qué clase de sociedad quieren vivir… y actuar en consecuencia.

Hay profundos precedentes históricos de la vergonzosa ignorancia y complicidad de grandes sectores blancos. Pero por otro lado hay una rica experiencia que demuestra que esto se puede cambiar, que los blancos se han unido con gente de otras nacionalidades para librar batallas históricas contra la subyugación y la opresión. Los esclavos se rebelaron una y otra vez, y arriesgaron la vida para escapar al Norte y a Canadá. Durante la guerra de Secesión centenares de miles de negros libres y de libertos entraron al ejército del Norte para luchar contra la esclavitud. Los abolicionistas blancos escondieron a los cimarrones y participaron en rebeliones armadas contra la esclavitud. Mujeres blancas sureñas participaron en el movimiento contra el linchamiento, y no dejaban que la “protección” de su “virtud” fuera pretexto para el asesinato y la mutilación de los hombres negros. En los años 60 y 70 del siglo pasado, millones de blancos se enteraron de la verdadera historia de esta sociedad: la esclavitud de los africanos, el robo de un tercio del territorio mexicano y el aniquilamiento de los amerindios. Una generación abandonó las mentiras de los libros de texto sobre esclavos contentos y la “terrible tragedia” de la guerra de Secesión, y se tomó las calles para participar en las luchas contra la opresión de pueblos enteros y la guerra contra el pueblo vietnamita. En una entrevista que le hizo este periódico, William Bell, el padre de Sean Bell, habla del papel importante de blancos como Michael Schwerner y Andrew Goodman, que se sacrificaron en la lucha contra la opresión de los negros. (A Schwerner y Goodman, junto con James Chaney, los mató el Ku Klux Klan en 1964, cuando fueron a Mississippi para participar en el movimiento de derechos civiles). Dijo: “He recibido llamadas de todas partes del mundo, lo cual es bueno. Creo que muchos temen expresar apoyo ahora… es como lo que les pasó a esos jóvenes blancos en los años 60 que apoyaron a los negros: los mataban. La película Mississippi Burning es un ejemplo perfecto. Mataron a esos jóvenes blancos y quemaron su carro, los desaparecieron, como si no fueran nada".

Esa lucha sacudió el país hasta los cimientos, pero no hizo todo lo necesario. No llevó a una revolución para derrocar todo el sistema basado en el genocidio y el sufrimiento. Ahora los que entran en la lucha, de todas las nacionalidades, tanto como los que han olvidado las lecciones de los años 60, tienen que examinar más a fondo las razones de esta vergonzosa ceguera y complicidad de los blancos, como parte de captar y aprovechar el potencial de hoy para ir más allá y arrancar de raíz todo esto.

No es simplemente que Thomas Jefferson y muchos otros “padres de la patria” eran dueños de esclavos, ¡aunque eso es cierto! Pero lo que es más, esos “padres de la patria” crearon una economía y unas relaciones sociales de clase basadas en la explotación, en que “universal” y “derechos inalienables para todos” solo se aplicaba a los hombres blancos. Hasta los pequeños granjeros blancos, que no eran parte de la aristocracia esclavista, tenían ciertos privilegios por ser blancos. Por otro lado, los esclavos negros, los mulatos y los amerindios eran invisibles en la filosofía de derechos humanos universales, que los consideraba menos que seres humanos.

Hoy la “libertad y prosperidad” significa la “libertad” de los imperialistas de explotar la mano de obra, los recursos y los mercados del mundo, y eso no hubiera sido posible sin la historia de explotación de los negros durante la esclavitud, después en la época de la aparcería y en la “gran migración” a  las fábricas del Norte de los años 50 del siglo pasado. Aunque por lo general se han abolido las leyes de segregación, la segregación de muchas esferas de la vida pública ha aumentado. El desempleo para los jóvenes negros es el doble del de los blancos; tienen las peores viviendas, los peores servicios de salud, la peor educación y los peores servicios sociales.

Edward Ball es un escritor que investigó la historia de su propia familia para el libro Slaves in the Family (Esclavos en la familia), que describe que eran dueños de esclavos y participaban en la trata de esclavos. Habló del sistema de castas con Sonya Fordham, descendiente de unos esclavos que pertenecían a su familia. La conversación la publicó la editorial:

“Sonya Fordham: "Ed, si una persona le dice: 'Mi familia no tenía esclavos. No somos responsables de la esclavitud' o 'Llegamos a Estados Unidos después de la guerra de Secesión, éramos pobres y sufríamos prejuicio igual que los negros'… ¿cómo le contesta?"

"Edward Ball: Diría sí, muchos millones de blancos llegaron aquí pobres, cansados, sin casa y con ansias de libertad. De hecho, el 40% de los blancos es de familias que entraron al país por la isla Ellis como campesinos rechazados; irlandeses, italianos y alemanes pobres; o judíos que huían de los pogromos en Rusia. Sufrían y debemos conmemorar su sufrimiento. Pero cuando pisaron la isla Ellis, entraron en una sociedad de dos niveles establecida mucho antes de su llegada, con los blancos en el nivel superior y los negros en el nivel inferior. Recibían una educación mejor, viviendas mejores y trabajos mejores que los negros nacidos aquí. Así que pronto llegaron a la clase media, mientras los afroamericanos seguían en la miseria. O sea, se beneficiaron del legado de la esclavitud que creó tal sociedad desigual. Y sus descendientes se siguen beneficiando indirectamente. Respeto la historia de sufrimiento pero le diría que todos compartimos el legado de la esclavitud".

¿Es posible hacer una revolución para transformar todo esto? Sí lo es, cuando surjan las condiciones necesarias.

La unidad revolucionaria de todas las nacionalidades contra este sistema será una parte esencial de los preparativos políticos para que millones de personas aprovechen la oportunidad de tumbar este sistema cuando surjan tales condiciones. Esta revolución empezará inmediatamente a arrancar de raíz la opresión de los negros, lo que "curar" las diferencias o crear una economía negra como parte del imperio estadounidense nunca podrá hacer.

Esta revolución liberará a la gran mayoría de la gente del mundo que sufre bajo el yugo de este imperio, y coincide con los intereses de la gran mayoría de la población de Estados Unidos y la gran mayoría de los blancos, que tienen que captar que viven en el nuevo imperio romano (que busca dominar el mundo entero, y que se basa en la esclavitud moderna, y en la esclavitud y el genocidio de millones de africanos y amerindios) y rechazarlo.

Otro mundo es posible y nos toca a nosotros plasmarlo en realidad. Un primer paso esencial es que los blancos que quieren ese mundo mejor, o se oponen a la injusticia del mundo actual, entren a la lucha contra las infamias como el asesinato de Sean Bell. Así se forjará la unidad revolucionaria de los pueblos de color y los blancos.

* El artículo "¿Cuál es el problema con los blancos?" salió en Reflections, Sketches & Provocations [Reflexiones, notas y retos] de Bob Avakian, Chicago: RCP Publications, 1990. [Regresa]

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