El aire será de nosotros

C.J.

Obrero Revolucionario #1212, 14 de septiembre, 2003, posted at rwor.org

"La idea es simplemente aplastar todo disentimiento. Ocurre algo muy siniestro en este país; no reconocerlo sería como estar ciegos".

Danny Glover, 21 de mayo 2003

Empezó luego del 11 de septiembre de 2001 al comentar el cómico Bill Maher que secuestrar los aviones requería valor; en cambio tirar bombas desde lo alto, como hacen las fuerzas armadas estadounidenses, es "cobardía". Lo dijo en su programa nocturno de TV, Politically Incorrect , el cual cancelaron; al día siguiente Ari Fleischer, encargado de comunicaciones de Bush, advirtió: "Cuidado con lo que digan".

El gobierno necesitaba el apoyo y el silencio de la población. Bush puso en claro su extremismo ante la población estadounidense y el mundo entero: "O están con nosotros o están con los terroristas". ¿Quién puede olvidarse de ese discurso? En todos los restaurantes y cantinas los televisores lo pasaban a todo volumen; se creó un ambiente tan pesado que uno dudaba ir al baño en ese momento por si lo interpretaban como antipatriótico.

Durante las siguientes semanas y meses, arreciaron las medidas punitivas: la invasión de Afganistán, las redadas contra inmigrantes; la aprobación de la Ley-Patriota-"plan- para-un-estado-policial" por casi todos los congresistas, luego otra invasión de un país doblegado por el hambre después de meses de mentiras y maniobras estadounidenses....

El verano pasado, mucha gente se preguntaba ansiosa: "¿No hay quien detenga este sangriento monstruo?". El 6 de octubre de 2002, un río de gente inundó el Parque Central de Nueva York. La actriz Susan Sarandon les dijo: "Me sentía tan aislada, tan sola; creía lo que me decían los medios de comunicación de que yo tendría que estar loca para dudar de este camino a la guerra en que estamos embarcados. Nosotros, el pueblo, ¿realmente queremos ser una nueva Roma que impone su dominio con una fuerza abrumadora dondequiera que desafíen sus intereses?".

El alivio colectivo era patente: por fin un mitin masivo contra la guerra en Irak, por fin se oía, por encima de los bramidos bélicos en los noticieros, la voz de conciencia de personajes que decían elocuentemente que no podrían hacerlo en nuestro nombre. Con los 25,000 manifestantes ese día también asistían Martin Sheen, Gabriel Byrne, Suheir Hammad, Saul Williams, Tim Robbins, David Byrne, André Gregory, Oscar Brown Jr.: artistas que sentían el compromiso de alzar la voz contra la guerra.

Al terminar ese día, todos los que estábamos en el parque sentíamos que éramos parte de algo nuevo que tenía un enorme potencial. Nació un movimiento de resistencia, al cual lo enriquecería y lo marcaría indeleblemente la participación masiva de artistas de todos los medios. Cuando el gobierno siguió arrogantemente con los planes de invasión, la revista cultural Rolling Stone informó que media docena de artistas de renombre nacional cambiaron su calendario para grabar canciones de protesta; otras decenas más de canciones contra la guerra salieron en la internet.

En febrero, al recibir el poeta Sam Hamill una invitación a un simposio de poesía en la Casa Blanca, pidió poemas contra la guerra para mandárselos a Laura Bush. Recibió 12,000, lo que calificó como "el grupo más grande de poetas en la historia que ha hablado con una sola voz". Temiendo esa resistencia poética, Laura Bush canceló el simposio, pero hubo cientos de recitales de poesía contra la guerra, entre ellos uno en Nueva York que unió poetas laureados, campeones de rap slam y estrellas de hip hop. En marzo, un movimiento de artistas de teatro organizó un "día contra la guerra" con más de 130 teatros de Nueva York. Los artistas visuales organizaron "Plantones para dibujar" y "Plantones para borrar" para protestar por la destrucción de las antigüedades de Irak, una civilización de 12,000 años, que sobrevivió las conquistas del emperador Heraclio y de Genghis Khan, pero no la del general Tommy Franks.

En otros años las autoridades de los premios Óscar han restringido casi toda expresión de resistencia política durante la presentación Academy Awards . Pero este año varios artistas cinematográficos la aprovecharon como tribuna, al usar botones en pro de la paz o hablar contra la guerra. Lo más notable fue la valiente denuncia de Bush y la guerra por el documentalista premiado Michael Moore ante mil millones de televidentes en el mundo.

Los artistas ayudaron a crear un ambiente en que se podía criticar públicamente las acciones del gobierno. Organizaron giras de conciertos, recitales de poesía y exhibiciones de arte con el tema de oposición a la guerra; crearon nuevas obras de teatro o pusieron al día las antiguas. En mayo del año pasado, los músicos de la Red de Artistas de ¡Rehusar y Resistir! dieron un concierto en el Palacio Hollywood de Los Ángeles titulado "ArtSpeaks contra la guerra: No en nuestro nombre" (del cual salió una película en julio). En un solo día de marzo de este año, los artistas de teatro organizaron 600 recitales de la antigua obra griega contra la guerra Lysistrata , con nuevas traducciones y la colaboración de cientos de actores, directores y productores por todo Estados Unidos y el mundo.

Los artistas fueron de los primeros en decir en voz alta y al unísono: "No entregaremos el derecho a cuestionar. No venderemos la conciencia a cambio de falsas promesas de seguridad. Decimos NO EN NUESTRO NOMBRE".

Una de las más fuertes expresiones de disentimiento, la Declaración de conciencia "No en nuestro Nombre", empezó a romper el hielo en la primavera del año pasado. La firmaron artistas, intelectuales públicos y artistas, a los cuales The Guardian (de Inglaterra) describió como "el grupo más amplio y variado de oposición al gobierno desde el 11 de septiembre". La Declaración desmintió, desde temprano, el mito de consenso, al denunciar las medidas de Bush de guerra en el extranjero y represión aquí. La firmarían artistas mundialmente conocidos como Tony Kushner, Mos Def, Alice Walker, Barbara Kingsolver, Robert Altman, Richard Serra, Spike Lee, Toni Morrison, Eve Ensler y muchos más.

La Declaración de conciencia llegó a formar parte de un movimiento que se extendió mucho más allá de las fronteras estadounidenses. En mayo del año actual, el Lusaka Post (Zambia) sacó un editorial titulado "No odien a los americanos" que explicaba a los lectores: "A pesar de la enorme influencia de la guerra de la prensa, un movimiento de oposición a la guerra empezó a manifestarse desde el anuncio del genocidio contra el pueblo de Irak. Lo precedió la valiosa Declaración de conciencia `No en nuestro nombre', firmada por miles de los artistas e intelectuales más distinguidos de Estados Unidos, que encarna la rebeldía, la claridad y el espíritu de justicia".

Como punto de partida, la Declaración se responsabilizó por las injusticias que cometía nuestro propio gobierno. En los meses posteriores, al avecinarse la invasión de Irak, aparecerían otras declaraciones de oposición firmadas por artistas. Entre ellas, la de "Ganar sin guerra" se opuso a la guerra en Irak pero aceptó los objetivos de Estados Unidos y las Naciones Unidas de desarmar a Saddam Hussein; esto, para mí, dejó desarmada a la gente para captar las mentiras del gobierno y la injusticia inherente de esa guerra. Algunos artistas firmaron las dos declaraciones, y el debate --bienvenido-- sigue hasta el día de hoy. (Vea el OR No. 1182, "Ahora más que nunca: No en nuestro nombre").

Los artistas se opusieron a la guerra a montones, y el otro lado no tenía nada ni remotamente equivalente. Piénsenlo: ¿quién puede nombrar más de tres artistas de cualquier esfera que se sumaron a la cruzada de Bush? Bruce Willis, James Woods, Toby Keith y uno que otro tejano... y... y....

¡Qué vergüenza --por no decir cuánta alarma-- para los emperadores modernos! No pudieron comprar o coaccionar más que a unos pocos dramaturgos, músicos, actores y cinematógrafos como porristas para su invasión injusta.

Es importante reconocer lo que esto indica sobre la profundidad y amplitud del río de inconformidad en este país. Y ha creado unos episodios surrealistas.

Como el de las Dixie Chicks. La cantante principal, Natalie Maines, hizo un comentario informal durante un concierto en Inglaterra de que le daba vergüenza ser del mismo estado que George Bush. De la noche a la mañana, al conjunto musical femenino de más ventas de Estados Unidos le cayeron encima la máquina nacional de propaganda de la derecha fanática y el monopolio de la industria de entretenimiento, Clear Channel, que controla más de 1200 estaciones de radio y numerosos centros de conciertos.

Estalló una campaña altamente manipulada de boicot; no tocaron la música de las Dixie Chicks por radio; unos racistas aplastaron en público sus CDs con tractores. Las autoridades no podían permitir que una banda con tanto pegue se desviara en lo más mínimo del guión oficial pro-guerra.

Las Dixie Chicks no son nada radicales. Cantan unas canciones chingonas --viene a la mente "Goodbye, Earl", en la cual las amigas de una mujer golpeada desmembran al esposo, todo a un ritmo optimista--, pero también han cantado entusiasmadas el himno "Star Spangled Banner" en el Rose Bowl. Pero, en marzo de este año, las acciones del gobierno eran tan extremas que Natalie Maines y millones de personas como ella se vieron obligadas a distanciarse. ¿Vivimos en un país donde no se puede ni siquiera cuestionar al jefe de estado? Hazlo por tu cuenta y riesgo, era el mensaje de la locutora Diane Sawyer que entrevistó a las Dixie Chicks por ABC TV en medio de la controversia.

Con tono de "charla de muchachas", regañó a Natalie Maines por traicionar a las tropas, su carrera, a sus compañeras del conjunto y a sus aficionados durante una hora que parecía un juicio público. Durante cada pausa comercial ABC pasaba una llamada grabada de un radioyente que amenazaba con amarrar a Natalie a un misil y mandarla a Bagdad... como para demostrar que si no lograban doblar con la "persuasión" y la desmoralización, les quedaba el terror abierto (después de todo, es tiempo de guerra).

Sin embargo, las Dixie Chicks --jurando patriotismo y lealtad a la tropa-- no entregaron el derecho a cuestionar el gobierno. Diane Sawyer no pudo hacer que Natalie pidiera las "disculpas" que sus aficionados supuestamente exigían. Natalie comentó después: "La gente piensa que nos dará miedo y nos callaremos, pero será al revés. Acabaron de prepararse un dolor de cabeza de lo más feo". De hecho, la banda inmediatamente emprendió una gira que fue todo un éxito. "El incidente" se convirtió en el eje de los conciertos; cuando tocaban "La verdad número dos" presentaban secuencias de marchas por los derechos humanos y el derecho al aborto, y de la quema de libros y de CDs de Dixie Chicks. "No te gusta cómo suena la verdad que me sale de los labios", cantó Natalie Maines a los vítores del público en Madison Square Garden.

Pronto subieron de nuevo las ventas de sus CDs. Esto comprueba que incluso los aficionados de la música popular e incluso en los Estados Unidos post 11-S, mucha gente prefiere una actitud honesta y valiente a los que se arrodillan ante el dogma de "mi país primero, tenga o no la razón".

Esa vez las autoridades no salieron con la suya, pero su advertencia quedó clara: amenazarán, ridiculizarán e incluso acusarán de "colaborar con el enemigo" (algo peligroso en estos días represivos) al artista, por popular que sea, que ose criticar al gobierno, al presidente o al programa.

Las amenazas públicas contra los artistas opositores eran apenas la punta del iceberg de la presión bajita-la-mano de que se callaran el hocico. Madonna (a quien atacaron los fascistas cristianos en los años 80 por su iconoclasta "Like a Prayer" ( Como un rezo ) decidió retirar su video de "American Life" ( La vida estadounidense),que presenta la máquina bélica yanqui como una aberración fosforecente mientras el presidente prende el cigarro con una granada. Aun antes de salir el video, presionaron a Madonna; como dijo en una entrevista de VH1: "...Saben, es irónico que peleemos por la democracia en Irak porque en última instancia no la tenemos aquí. Porque si alquilen dice algo contra la guerra o contra el presidente o lo que sea, lo castigan . . .".

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Cuando se hizo patente que los artistas no se iban a callar y que el pueblo les hacía caso, los propagandistas del sistema salieron con que el artista no tiene el "derecho" de hablar sobre asuntos políticos. Janeane Garafolo, una actriz y comediante, tuvo el valor de entrar en la zona de guerra de los programas de pláticas durante los preparativos para la invasión de Irak. Según informa: "Dicen que si uno es artista, eso lo define y no puede tener ningún conocimiento de las noticias. Son locutores y comentaristas adultos pero se portan, sin exagerar, como mocosos de 12 años, dicen: `Cállate tú, no sabes nada'. Lo humillan a uno como un bravucón del salón".

En realidad, esos DJs dan una demostración del tipo de ciudadano arrogante e ignorante que queda bien con el nuevo imperio yanqui de 2003, y sus programas sirven de entrenamiento para esas tropas. Cuando la guerra se terminaba, no quisieron llevar de vuelta a sus programas a los artistas disidentes a menos que "pidieran disculpas" en el aire. Que yo sepa, ninguno lo hizo.

Pero vale la pena investigar más a fondo esta cuestión. El artista ¿ tiene el derecho a expresarse políticamente? ¿Por qué es importante que el pueblo los apoye cuando estén bajo ataque?

Para empezar, "los artistas somos en primer lugar ciudadanos del mundo", como señaló el actor Danny Glover. Observó el poeta Saul Williams el año pasado: "Creo que por lo que yo peleo y por lo que pelea el gobierno actual, no son lo mismo. Eso se tiene que decir. Y si otros piensan igual, tienen que decirlo, o si no, nadie lo sabrá".

Cuando el artista tiene conocimientos de lo que pasa en el mundo y le da importancia, eso forma parte de su ser. Si bien su contribución principal es por medio del arte, aprovechar su "voz pública" para denunciar la injusticia ayuda a crear espacio para la resistencia de las masas.

Desde hace tiempo las masas cuentan con artistas conscientes y valientes, como Susan Sarandon y Danny Glover. Pero el invierno pasado ocurrió algo nuevo. Se alzaron voces inesperadas: en "Good Morning America" Sheryl Crow vistió una playera que decía: "Ésta no es mi guerra, Sr. Bush"; Dustin Hoffman declaró en un festival de cine en Berlín: "Yo creo que esta guerra es por lo mismo que casi todas, es decir, hegemonía, dinero, poder y petróleo"; George Clooney le dijo a Charlie Rose que "el gobierno funciona exactamente igual como The Sopranos"(una telenovela sobre mafiosos). Sean Penn incluso viajó a Irak para investigar y ser testigo de lo que perpetraba el gobierno estadounidense, y animó a otros en Hollywood a alzar la voz.

Una cosa que les dio mucho coraje a estos artistas célebres es que les pareció que el Partido Demócrata los traicionó por completo. La dura realidad post 11-S es que casi toda la clase dominante apoyó las resoluciones de Bush respecto a Irak. (Como lo dijo el líder demócrata de los diputados sobre los republicanos: "No existe ni un hueco entre nosotros respecto a la guerra contra el terrorismo").

A esa traición se agregó la casi completa sofocación de la discusión por los medios de comunicación (como lo describió Sean Penn, "un ambiente dominado por desconfianza, falsedad y censura"). Estos medios, que siempre han servido de altavoz a las autoridades, se volvieron un lugar aun más macabro y terrible después de 11-S.

En cierto punto, para muchos artistas célebres con conciencia, salir en público y no comentar sobre la invasión inminente, era en sí una declaración al mundo, visto que todo mundo sabía que los artistas eran casi las únicas voces de disentimiento que salían en los medios. Por eso muchos artistas se arriesgaron y cumplieron con la responsabilidad de expresarse.

Aquí hay mucho en qué pensar. A mi parecer, la unanimidad casi completa de la clase dominante en aras de la ofensiva de guerra y represión reafirma una vez más por qué tenemos que deshacernos de este imperio y el sufrimiento que causa. No solo los marxista- leninista-maoístas captan que es urgente crear un ambiente de resistencia y rechazo al nuevo orden draconiano.

En ese respecto, la cobardía de los políticos contrasta patentemente con los artistas y otros personajes públicos que se arriesgaron al aislamiento profesional, a las reprimendas públicas e incluso a la represión para hacer oír una voz de conciencia. Eso lo vieron muy claro millones de personas.

Ahora que la máquina electoral para 2004 busca que clavemos los ojos en el trasero de otro grupo más de "los menores de los males" y falsas promesas, es imprescindible aclarar lo que hace falta para cambiar el mundo.

Este año, la gente de Estados Unidos se unió con la gente del mundo para armar la resistencia más grande contra una guerra inminente que se haya visto en la historia. Cuando al último el gobierno invadió a Irak, lo tuvo que hacer al desnudo, odiado por miles de millones; ni siquiera contaba con la hoja de parra de la ONU ni la cooperación de sus aliados. Eso fue un gran logro: un movimiento que parecía imposible en los días después del 11 de septiembre. Los artistas jugaron un papel importante en reclamar el aire para el pueblo. Nos dio un vistazo de lo que pasa cuando millones de personas ya no pueden vivir como siempre y se responsabilizan por cambiar el mundo. Hace apenas unos meses cambiábamos las conversaciones, tomábamos nuestras propias medidas, cantábamos nuestra canción propia y lo hacíamos de común acuerdo con la gente del mundo. Como recalca el número especial del OR "Nada bueno", urge que esta resistencia busque nueva expresión y haga nacer una amplia cultura de resistencia al programa sangriento que emana de los palacios del poder.

No bailo con tu tambor de guerra...
no bailo por tu guerra mentirosa...
Haré mi propio tambor
para llamar a los míos.
De nuestro grito haremos baile
y de nuestro canto, tamborileo.
A mí no me tomas el pelo.
A ti no te presto mi nombre
ni mi ritmo para tu onda
Bailo y lucho.
Bailo, insisto y bailo.
El corazón me late más duro que la muerte.
Tu tambor de guerra no es más fuerte.

Suheir Hammad

A partir de septiembre de 2002, cuando la Declaración se publicó en el New York Times , la firmaron 65,000 personas. Gracias a sus esfuerzos y contribuciones, ha salido en más de 70 publicaciones, en la mayoría de los periódicos principales de Estados Unidos y muchos periódicos de ciudades pequeñas. La tradujeron a más de una decena de idiomas y la publicaron en Europa, el Medio Oriente, África y Asia. De las declaraciones del año pasado, es la que sigue vigente y aún se publica (en el otoño se publicará en el Houston Chronicle).


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