Revolución #139, 10 de agosto de 2008


Juegos Olímpicos, Pekín

Rivalidad entre
Estados Unidos y China…
en la cancha y fuera

Están a punto de arrancar los Juegos Olímpicos de Verano 2008 en Pekín, China, del 8 al 24 de agosto. Habrá muchas grandes exhibiciones de atletismo, pero también están altamente politizadas. Si bien nos van a inspirar con emocionantes competencias y maravillosas hazañas, habrá una dosis de política e ideología que lo acompaña todo, a veces de manera sutil, a veces abierta.

En distintos momentos y formas, se expresan la relación y la rivalidad entre las potencias del mundo por medio de los Juegos Olímpicos. En los juegos de Pekín, la compleja relación entre la China ascendente y los Estados Unidos como potencia única del mundo está sentando las bases para la manera en que se está desenvolviendo todo esto en la cancha y fuera.

La China ascendente no es un país socialista. Fue un país socialista de 1949 a 1976 y durante esos años, no fue parte de los circuitos globales de la explotación capitalista. Pero hoy es un país capitalista, profundamente enredado en el capitalismo global y de algunas formas un elemento crucial del mismo. Los juegos de Pekín coinciden con la entrada de China a las filas de las potencias del mundo, y representan una dimensión importante de eso.

El hecho de China es anfitrión de los juegos refleja la geopolítica global. Refuerza la ascendente posición de China en el mundo. Cuesta imaginar que el Comité Olímpico Internacional hubiera aprobado la celebración de las justas en Pekín sin la aprobación de los gobernantes de Estados Unidos. Los gobernantes de China tienen sus propios objetivos estratégicos para lo que se proponen obtener de su patrocinio de los juegos, lo cual analizaremos en el próximo número de Revolución.

Es esta dinámica compleja la que da el contexto y la base para desentrañar la propaganda y los comentarios de los medios estadounidenses sobre los juegos. En Estados Unidos, esta propaganda se centra en los temas que representan los intereses del país con relación a China, los cuales se están promoviendo para entrenar a la población para ver la relación entre Estados Unidos y China desde el punto de vista de los gobernantes de Estados Unidos. He aquí los temas:

  1. Al dejar atrás la “tiranía y el caos” de los años de Mao, China ha cobrado un dinamismo económico, pero sigue siendo una sociedad con represión política que no tiene la apertura y las libertades de las democracias occidentales.
  2. La naturaleza políticamente represiva de China es, en gran medida, producto del legado que queda de la larga y oscura noche de los años de Mao bajo el dominio comunista autoritario.
  3. El patrocinio de los juegos por China representa su entrada a las filas de las potencias del mundo, pero tiene que buscar su lugar en la mesa según las condiciones de la dominación mundial de Estados Unidos.

Examinemos la realidad y los intereses que ocultan estos temas.

La naturaleza de la China capitalista

La reciente nota de fondo del San Francisco Chronicle sobre los juegos empezó así: “Mientras la República Popular China se prepara para ser anfitrión de los Juegos Olímpicos 2008, sus 1.3 mil millones de habitantes pueden estar orgullosos de lo que han logrado en las tres décadas desde que botaron la ideología maoísta y abrazaron las fuerzas del mercado para desarrollar su economía” (“Chinese Making a Great Leap Forward”, de Sam Zuckerman, 3 agosto 2008).

China ha tenido una tasa de crecimiento económico extremadamente alta. Es una potencia política y económica mundial ascendente. Pero ha tenido ese crecimiento gracias al trabajo de cientos de millones de esclavos asalariados en las ciudades y pueblos y al costo de la devastación del campo. Se ha dado en el marco del imperialismo global que ha deformado y distorsionado el desarrollo económico de China. Si bien China es una potencia económica ascendente, su corazón económico aún late al ritmo del orden mundial dominado por el imperialismo estadounidense. Las inversiones imperialistas entran, y salen las ganancias exprimidas a aquellos que minan el carbón y arman los juguetes e iPods para la gente en los países imperialistas.

En las ciudades de China, prospera una creciente clase media, pero en las fábricas, son comunes las jornadas de 16 horas, los salarios apenas alcanzan para el alquiler y comida, la mano de obra infantil es endémica, la seguridad en los centros laborales es espantosa, y reprimen con la violencia las huelgas y protestas. Más de 700 millones de personas viven en el campo empobrecido del país, muchas de ellas con menos de dos dólares al día. El campo se caracteriza por enormes y crecientes brechas entre ricos y pobres.

La naturaleza de la sociedad se manifiesta en el enorme costo humano para los Juegos Olímpicos de Pekín: 1.5 millones de personas han quedado sin hogar, pues para construir los estadios olímpicos y estructuras afines, las autoridades arrasaron sus casas. Los trabajadores de construcción reciben 50 dólares a la semana para una jornada de nueve horas al día, siete días a la semana, para levantar el llamativo Estadio Nacional, llamado “El Nido” (por la única construcción de pilares entretejidos de cemento y andamiaje metálico). Antes de la apertura, las autoridades expulsaron de Pekín a millones de trabajadores migrantes del campo, a fin de dar la mejor cara del país al mundo. Además, ha habido una racha de represión contra protestas.

Para el imperialismo estadounidense, los juegos representan una oportunidad para aumentar sus intereses políticos y económicos en China, a la vez que los gobernantes chinos maniobran por una mayor tajada de los negocios. General Electric (GE), la empresa dueña de la NBC (la red con derechos de transmisión estadounidenses exclusivos para los juegos) aumenta agresivamente sus inversiones en China, a un potencial nivel de diez mil millones de dólares en 2010. GE está metida en más de 300 proyectos relacionados con los juegos, como la tecnología para el Estadio Nacional. El ejecutivo en jefe de GE cuenta con que los juegos generen “décadas de buena voluntad en China” (ver “Networks Fight Shorter Olympic Leash”, New York Times, 21 julio 2008).

El verdadero legado de Mao

No siempre ha sido así. De 1949 a 1976, China fue socialista, una sociedad que derrocó, e iba arrancando de raíz, la explotación y las ideas que la sustentan. Han vilipendiando vilmente a esos años, a la época de Mao, y en el marco de los juegos de Pekín, están repitiendo esos ataques ampliamente en la sociedad. En este y futuros números, Revolución detallará los antecedentes de la experiencia concreta de este período trascendental de la historia, de la revolución comunista de China, en que los oprimidos tuvieron el poder de 1949 a 1976. Pero hemos aquí, en pocas palabras, la historia básica que no escucharán en la tele.

En víspera de la revolución comunista china, dirigida por Mao Tsetung, en promedio, una persona tenía una esperanza de vida de 32 años. Menos de uno de cada seis personas podía leer y escribir. Las hambrunas periódicas causaron muertes en masa. El pueblo chino estaba enterrado debajo de lo que Mao llamó las tres montañas: el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático (el capitalismo chino al servicio del imperialismo extranjero). Se impuso esta subyugación económica mediante agresiones militares y la represión política y cultural del pueblo por el imperialismo.

La revolución socialista de China liberó al país de las cadenas del imperialismo mundial y trajo grandes mejoras en la vida del pueblo. Entre 1949 y 1976, la esperanza de vida se duplicó, a 65 años. A inicios de los años 70, la tasa de mortalidad infantil de Shanghai era menor que en la ciudad de Nueva York de entonces. A mediados de los 70, de 80 a 90% de la población sabía leer. Trajo cultura, política, servicios médicos de bajo costo o gratuitos, y educación al campo largamente olvidado. Las mujeres dieron grandes pasos hacia la realización de la igualdad. (Ver “Logros sociales y económicos de Mao” en revcom.us.)

El punto álgido de este proceso fue la muy vilipendiada Gran Revolución Cultural Proletaria, en que las masas subieron al escenario político, participaron en grandes debates, protestas y lucha política a un nivel a que ninguna sociedad jamás se haya aproximado, antes o desde entonces. Mediante todo eso y con dirección revolucionaria, bregaron por identificar y arrancar de raíz los elementos que quedaban y que volvían a surgir de la sociedad explotadora en la economía, la política y las ideas de la población. (Una respuesta a las preguntas frecuentes hechas sobre la Revolución Cultural se halla en “La verdad sobre la Revolución Cultural” en Revolución #139, 10 agosto 2008 y en revcom.us.)

Mao era comunista y comprendía que la revolución y el socialismo de China eran parte del proceso de llegar al comunismo.

¿De qué se trata la revolución comunista? Empieza con el poder estatal revolucionario, para arrebatar la propiedad y el control de la sociedad a la vieja clase dominante capitalista imperialista. De inmediato toma medidas para satisfacer las necesidades más apremiantes de la población y solucionar los problemas que no tienen remedio en el capitalismo. Lo hace al servicio de la revolución mundial y como parte de la misma, con el fin de emancipar a toda la humanidad. Los estados socialistas se basan en la actividad consciente de las masas y emprenden diversas luchas para arrancar de raíz la explotación y opresión en toda la sociedad, de la producción a las instituciones y el modo de pensar de la población. Todo eso ocurre mediante un proceso de enormes cambios, forcejeo social vibrante y diversidad.

En este proceso, el pueblo transforma al pueblo, y al hacerlo, se transforma a sí mismo, y de manera muy importante, todo eso es una parte integral de la revolución mundial. El objeto del poder estatal revolucionario es y tiene que ser nada menos que una sociedad en que de veras se libere al pueblo, una sociedad comunista que haya ido más allá de la división de la población en clases y todas las relaciones opresivas entre los individuos y las ideas que sustentan las divisiones de clase.

Durante toda la transición socialista habrá lucha de clases, entre la continuación del avance revolucionario hacia el mundo comunista o la revocación de la revolución y la restauración del capitalismo.

Poco después de la muerte de Mao en 1976, algunas fuerzas en el Partido Comunista dieron un reaccionario golpe de estado y derrocaron al socialismo. Metieron a la cárcel a decenas de miles de revolucionarios, como los seguidores más estrechos de Mao, y ataron de nuevo a China a las cadenas del imperialismo global como país oprimido. Desde entonces China ha sido capitalista.

La revolución china fue compleja y, sí, contradictoria, al igual que toda hazaña nueva. Pero, sobre todo, en realidad, fue un avance inspirador a que estudiar y sintetizar y del cual aprender, y sobre esa base, trazar la siguiente etapa de la revolución mundial. Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, ha estado haciendo este trabajo (una introducción concentrada de su obra se halla en “Hacer la revolución y emancipar a la humanidad” en revcom.us. Puedes descargar el audio en inglés de los discursos y entrevistas de Avakian en bobavakian.net.)

Por otra parte… para el imperialismo global y sus lacayos, la revolución comunista de China fue lo peor. Arrebató a un cuarto de la humanidad a las sinapsis de la explotación y opresión globales y representó un contrapeso poderoso al poder económico, político y militar del imperialismo. Se alegraron cuando el socialismo fue derrocado y no tardaron en inundar de inversiones a China.

Los imperialistas estadounidenses están sacando al buey dos cueros: tienen los colmillos clavados profundamente en China, hacen enormes inversiones ahí y le exprimen enormes ganancias al trabajo del pueblo, y señalan las condiciones de la China de hoy, las cuales reflejan y sirven al capitalismo, y afirman que son producto del socialismo y del comunismo. A menudo lo hacen señalando algunas cosas que supuestamente quedan de la época de Mao.

El ascenso de China en un mundo dominado por el imperialismo estadounidense

Los Juegos de Pekín simbolizan la entrada de China al círculo de potencias políticas y económicas mundiales, pero en un mundo en que el imperialismo estadounidense es la única superpotencia. Raymond Lotta escribió en la segunda parte de su ensayo, “Cambios y grietas en la economía mundial y la rivalidad entre las grandes potencias: Lo que está pasando y qué consecuencias podría traer”:

“La dinámica del ascenso de China es compleja. No obstante, hay una contradicción que la delimita: su dependencia y su creciente fuerza económica. China depende del capital y de los mercados extranjeros. A pesar de eso, ha surgido en el mundo como una potencia económica y un centro manufacturero. Ha acumulado enormes reservas de divisas y se ha ganado una influencia financiera considerable... y cada vez más, sobre el dólar. Busca más agresivamente mercados del tercer mundo e invierte capitales fuera de sus fronteras”.

A su vez, ocurre el ascenso de China en un mundo en el que, agrega Raymond Lotta:

“Estados Unidos aún ocupa la posición primaria en la economía mundial imperialista. Es la mayor economía; el pegamento financiero de todo el sistema mundial; y el ‘garante’ político-militar de un orden mundial del que se benefician todas las grandes potencias, al menos por ahora.

“La posición económica de Estados Unidos en el mundo ha estado en declive. Pero el imperialismo estadounidense tiene un poderío militar sin paralelo en relación a sus rivales y aspirantes a rival. Desde 2001, ha estado aprovechando esta ventaja lanzando una ofensiva militar mundial, centrada en Irak y Afganistán, para amarrar un dominio indiscutible para décadas por venir” (“El desarrollo capitalista de China y su ascenso en el sistema imperialista mundial: Naturaleza e implicaciones”, Revolución #137, en revcom.us).

La relación entre Estados Unidos y China se expresa y se debate en medio del ruido de fondo de los Juegos Olímpicos de Pekín. Explica por qué Estados Unidos (mediante maniobras diplomáticas y propaganda mediática) varía el volumen de sus acusaciones sobre el apoyo de China al gobierno del Sudán y las masas en Darfur, o su relación con el régimen de Mugabe de Zimbabwe.

La naturaleza de la relación, y la contienda, entre Estados Unidos y China influyen en la clase y el tenor de las denuncias en los medios estadounidenses acerca de los actuales horrores en China, tal como los míseros salarios y condiciones laborales de las fábricas, la pobreza extrema en el campo y la represión del debate y el disentimiento.

Con estos mensajes, quieren dar el mensaje que China no es digna de ser socio al lado de las “grandes potencias” ni sería un socio confiable, y que tiene que cambiar, o sea, aceptar los términos que Estados Unidos está imponiendo. Todo esto ocurre en un marco imperialista, y la manera en que el papel de China contiende en todo ello. Presentan las condiciones de China como producto de una cultura de amiguismo y desbocada corrupción debido al monopolio del poder político del “llamado” Partido Comunista. Estos términos tienden a reforzar la posición de China en un orden mundial dominado por Estados Unidos y ocultan la verdadera fuente de la enorme pobreza y represión en China. En realidad, son productos del capitalismo y de la posición de China como país oprimido.

De nuevo, cabe señalar, las denuncias y condenas estadounidenses a China por explotar a los obreros, hambrear a los campesinos y reprimir el disentimiento son muy hipócritas. Estados Unidos habla de la vergüenza del trato que da China a los tibetanos pero pasa por alto la situación de los negros en su propio territorio, donde uno de cada nueve jóvenes negros está preso. Habla con indignación de las condiciones de los migrantes del campo chino (que, seg’un la ley, son ilegales), pero explota vilmente y aterroriza a más de diez millones de inmigrantes indocumentados en redadas del ICE. El gobierno estadounidense monitore’o ilegalmente los patrones de llamadas telefónicas de millones de sus ciudadanos, pero tiene el colmo de criticar el monitoreo y control de la Internet por el gobierno “autoritario” de China.

* * * * *

Cuatro mil millones de personas verán los Juegos Olímpicos 2008. En el mundo de hoy, estos juegos presentan una dolorosa dicotomía entre hazañas atléticas inspiradoras y asombrosas que te dejan sin respiro, y el hecho de que se celebran en el marco de maniobras por ventaja entre potencias en contienda, así como una fuerte dosis de ideología venenosa. En eso, en estos juegos, se está desenvolviendo la rivalidad entre Estados Unidos y China en la cancha y fuera.

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