Del Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar

¡Protestas sacuden a Irán!

17 de enero de 2018 | Periódico Revolución | revcom.us

 

5 de enero de 2018. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar. Una semana de intensas y a veces violentas manifestaciones en 80 ciudades y pueblos de todo el país, han sacudido al régimen iraní.

A diferencia del último auge de lucha político en 2009, cuando muchos manifestantes de clase media de las ciudades tomaron partido con facciones “reformistas” dentro del régimen, esta vez la gente que se tomó las calles, en su gran mayoría hombres jóvenes, principalmente era de los vecindarios pobres y de clase media baja, a menudo en la periferia de las zonas urbanas donde muchos han llegado del campo durante la última década. El régimen ha considerado a estas personas como una parte muy importante de su base social, o por lo menos ha contado con que ellas se queden calladas. Sin embargo, lo que más ha caracterizado a este movimiento ha sido la manera en que ha puesto en la mira a todo el régimen y a la misma República Islámica, lo que incluye a todas sus facciones.

La ola de protestas estalló el 28 de diciembre de 2017 en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, con una población de dos millones, ubicada al nororiente del país en la frontera con Afganistán y Turkmenistán. Ciudad natal del líder supremo ayatolá Alí Jamenei, es considerada un baluarte de su facción de “línea dura”.

Como parte de la lucha interna de las fuerzas gobernantes en Irán, el “reformista” presidente Hassan Rouhani ha tratado de minar a sus rivales divulgando detalles del anteproyecto del nuevo presupuesto nacional. Llama a recortar los subsidios familiares, aumentar el precio de los combustibles (y, por lo tanto, el precio de muchas otras necesidades básicas) y privatizar las escuelas públicas. La divulgación del presupuesto también puso en evidencia el enorme aumento del dinero asignado a las fuerzas armadas (no solo para armas sino para enriquecer a las empresas de sus ya muy ricos líderes), representantes religiosos del régimen y las fundaciones islámicas que son la fuente de sus inmensos ingresos. El hombre fuerte local de la facción de “línea dura”, el líder de las oraciones de los viernes en la ciudad, el ayatolá Ajmad Alamolhda que se enfrentó a Rouhani en las últimas elecciones, contraatacó a Rouhani alentando las manifestaciones contra el alza en los precios. El objetivo del clérigo, conocido por prohibir conciertos musicales públicos, era utilizar las demandas económicas de los pobres como ariete para hacer retroceder las reformas al estilo de vida promovidas por Rouhani y su facción.

Esto fue jugar con fuego, y las llamas pronto empezaron a afectar a toda la estructura de la República Islámica que todas las facciones del régimen representan y buscan preservar.

Al día siguiente las manifestaciones se propagaron hacia el lado opuesto del país, la ciudad de Kermanshah ubicada en el occidente predominantemente kurdo. La inacción oficial tras el desastroso terremoto en esta ciudad en noviembre de 2017 ya había devastado la fe en la legitimidad del régimen. Esa ciudad es un eje crucial para las fuerzas seguridad y su equipamiento, no obstante, sus ambulancias, helicópteros y su maquinaria de remoción de tierra se mantuvieron en reposo, al mismo tiempo que las autoridades militares y civiles no movieron ni un dedo para rescatar a los sobrevivientes o para ayudar a las decenas de miles de heridos. Esto provocó la consigna, “¡El Estado está muerto!”, denunciando al régimen por su escaso interés en la vida del pueblo kurdo minoritario (muy similar a la forma en que el régimen de Trump trató a Puerto Rico después del reciente huracán ahí). La gente en las calles coreaba: “Libertad para todos los presos políticos” y “¡Libertad o muerte!”.

Para el día siguiente, los puntos que señalaban los lugares de protesta formaban una gruesa franja por todo el país. Se propagó el mensaje por Telegram, una red social encriptada que usan decenas de millones de iraníes. La gente de “línea dura” advirtió que los manifestantes estaban cruzando una línea roja al oponerse al régimen islámico, en lugar de mantenerse centrados en las penurias económicas. Rouhani llamó a las autoridades a escuchar tales demandas, al mismo tiempo que también se sumó al repudio a aquellos que se oponían al régimen. Mientras tanto los gobernantes debatían si lo mejor era defender a la República Islámica con puño de hierro o con zalamería, y mientras tanto los Guardianes de la Revolución del régimen dudaban en intervenir directamente por miedo a que si masacraran a la población, dejaran de mostrarse como los salvadores del pueblo contra los políticos.

Las formas de protesta iban desde marchas que cruzaban las ciudades de lado a lado, hasta mítines en espacios públicos y acciones relámpago en cruces de calles donde la gente se reunía y luego se dispersaba antes de que llegaran las fuerzas de seguridad. En la llamada ciudad sagrada de Qom, conocida por sus escuelas clericales, la gente atacó a la Basij (milicia islamista) edificios del gobierno y comisarías de la policía. Utilizaron cañones de agua y gas lacrimógeno contra pequeñas aglomeraciones de gente en el centro de Teherán, y decenas de estudiantes de la Universidad de Teherán llamaban a los transeúntes a unírseles.

En todos lados la gente coreaba, “Ustedes han convertido el islam en un trampolín para aplastar al pueblo”, lo cual es un lema pegadizo en persa, y “Abajo con la teocracia, hay que destruir a la República Islámica”. En Zanjan una multitud destrozó y quemó una valla con el retrato de Jamenei. En oposición al lema de los ayatolás en la toma del poder en 1979, “Independencia, libertad, República Islámica”, las palabras, “Independencia, libertad, república iraní”, resonaban junto con “¡Muerte al dictador, muerte a Rouhani!”. También se escucharon consignas en favor de la restauración de la derrocada monarquía. No se reportaron lemas en favor de los reformistas candidatos verdes, que dirigieron a la gente a las calles en 2009, cuando las elecciones presidenciales les fueron robadas. En esta reciente ola de manifestaciones también brilló por su ausencia la consigna, “Allahu Akhbar” [Alá es grande], otra señal de que se han dado cambios importantes en la perspectiva de los manifestantes. Un cartel se leía: “A todas las facciones del régimen: el juego ha terminado”.

Al final de la semana, los Guardianes de la Revolución se habían desplegado en las provincias de Hamadam, Isfahan y Lorestan. El gobierno anunció la muerte de 22 manifestantes y dos miembros de las fuerzas de seguridad, y el arresto de cientos de personas. Las autoridades organizaron manifestaciones pro-régimen en Teherán y otras ciudades, entre ellas Mashhad, a las que asistieron miles. “Se ha acabado la sedición”, anunciaba el comandante de los Guardianes de la Revolución.

Las facciones del gobierno, que se habían unido en torno al compromiso nuclear de Irán con Occidente, con la esperanza de que un auge económico levantara a su régimen, una vez más están enfrentadas. Las diferentes facciones se culpan una a la otra de utilizar los acontecimientos para ganar ventaja contra sus rivales. Esta escisión entre los gobernantes ha generado una grieta por medio de la cual la furia del pueblo contra el régimen ha abierto brecha, particularmente entre las clases bajas que han desempeñado un mínimo papel en la política pública del país en los últimos años, aunque las clases medias en las ciudades, la base principal de la oposición reformista, parecen haber decidido por el momento no unirse a este auge de lucha radical.

Estos seis días de rebelión, de las personas en que se había confiado que no se rebelaran, han alentado a la gente de todos lados, y han sembrado temor entre los gobernantes reaccionarios más allá de las fronteras de Irán. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan manifestó alarma por las implicaciones que tiene el auge de lucha para la estabilidad de la región. Hasta el gobierno saudita, que si bien se regocijó con los problemas del régimen de Irán, ha evitado decir cualquier cosa que pudiera alentar a otros a levantarse contra el dominio religioso. Las grietas sísmicas que se han ensanchado abiertamente no se han resuelto. Esto ha traído las mejores noticias que desde hace muchísimo tiempo la gente del mundo no había recibido.

 

El 17 de marzo de 2017, el Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar (SNUMQG) anunció su transformación en una herramienta más completa para la revolución basada en la nueva síntesis del comunismo de Bob Avakian. Lea el editorial del SNUMQG aquí: “Editorial: Introducción a un SNUMQG transformado”.

 

 

 

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