La juventud negra y
la criminalización de una generación

Parte 2:
La economía política del
racismo y la criminalización

Obrero Revolucionario #972, 6 de septiembre, 1998

En la primera parte de esta serie examinamos el aumento desmesurado y sin precedentes de presos afroamericanos y latinos, así como el fenómeno de mayor control policial sobre esas minorías. Se documentó que eso se debe a arrestos por posesión de droga, y que se detiene a una proporción mucho mayor de negros y latinos por ese y otros delitos menores. Asimismo, señalamos que un porcentaje altísimo de la juventud de color está en las bases de datos de "sospechosos". Desmentimos que todo eso se deba a un aumento de crímenes violentos.

El gobierno está zampando el pueblo al bote; la verdad, no se ha visto nada igual desde la "solución final" de Adolfo Hitler y los nazis. Cada semana 1600 personas caen presas; un 75% son negros y latinos. Durante los últimos cuatro años de la administración liberal del presidente Bill Clinton, hay tres cuartos de millón más de presos y eso que la delincuencia ha disminuido.

¿Por qué?

Para entenderlo, es necesario darle un repaso a la historia, en particular, a la posición del pueblo afroamericano en este país, que actualmente está experimentando grandes cambios íntimamente ligados con la criminalización que hemos descrito.

Dos horribles crímenes han definido la existencia y el desarrollo de Estados Unidos: primero, el genocidio de millones de indígenas y el robo de sus tierras; segundo, el secuestro, asesinato y esclavitud de decenas de millones de africanos. La causa de esos crímenes fue la acumulación capitalista, es decir, el afán de lucro desenfrenado y ciego. Esa sed de ganancias ha dado origen a un crimen tras otro: el robo de la mitad de México (para formar cinco estados del suroeste); salvajes atropellos contra los trabajadores chinos que construyeron los ferrocarriles que conectan el este con el oeste; la terrible explotación de millones de inmigrantes europeos en las minas y fábricas capitalistas, etc., etc.

Ese inexorable afán de ganancias ha sido la fuerza motriz de los cambios en la situación del pueblo afroamericano a lo largo de la historia. La guerra de Secesión no estalló porque los capitalistas--los dueños de las fábricas, ferrocarriles, etc.--decidieron que había llegado la hora de, "cumplir con los ideales estadounidenses" sino porque la esclavitud estaba obstaculizando la formación de un sistema nacional integrado, fundamentado en el trabajo asalariado.

Si bien los esclavos lucharon heroicamente (con rebeliones y fugas) antes de la guerra de Secesión, y combatieron y murieron en mayor proporción que su porcentaje de la población durante la guerra, las exigencias del capital definieron la guerra y su desenlace. Después de la guerra, los capitalistas no cumplieron sus promesas de defender a los negros libertos ni de darles tierras; se desató el terror racista del KKK (Ku Klux Klan) y se obligó a los negros a regresar a las plantaciones como aparceros, o sea, casi esclavos. De 1870 a 1920, esos grandes paladines del respeto a la ley aplaudieron el linchamiento de más de 3000 personas, en su gran mayoría negros.

Después de la I Guerra Mundial y, sobre todo, durante y después de la II Guerra Mundial, hubo grandes cambios en la posición económica y social del pueblo negro. En esos años ocurrió la "gran migración" a las ciudades del Norte (y del Sur), es decir, los negros pasaron de trabajar la tierra como aparceros a ser obreros industriales. En el Norte, el auge de la industria militar durante la II Guerra Mundial creó una demanda de mano de obra negra. Por otra parte, en el Sur la mecanización de la producción agrícola (de algodón y anteriormente de tabaco) llevó a la expulsión de millones de negros de la tierra porque ya no producían ganancias para los terratenientes. Después de la II Guerra Mundial, cuatro millones de negros abandonaron las plantaciones del Sur. Los terratenientes expulsaron incluso a muchos que se querían quedar y trabajar la tierra. Como señala el folleto del PCR titulado La pura verdad, verdad liberadora: "Antes, las necesidades de los capitalistas dictaron que los negros deberían quedarse en las plantaciones, a la fuerza y por el terror; ahora esas mismas necesidades de los capitalistas dictaban que los negros debían abandonar las tierras agrícolas del Sur"(1).

En el Sur, dichos cambios económicos suscitaron ciertos cambios políticos y sociales: se libraron grandes batallas para tumbar las viles barreras de la segregación. Asimismo, en el Norte los negros se vieron obligados a luchar políticamente, y a veces físicamente, para conseguir trabajos, oportunidades y vivienda. A través de luchas muy difíciles lograron algunas reivindicaciones. Por ejemplo, en Detroit el porcentaje de obreros negros en la industria automotriz (donde se cuenta con salarios relativamente buenos) subió del 4% en 1941 al 16% en 1960(2). Aun así, continuaba la discriminación: les daban los trabajos más sucios y peligrosos, eran los primeros en ser despedidos en casos de reducción de planta; sin embargo, algunos salieron adelante. Y ese fenómeno se repetía en otras grandes ciudades.

Hay que señalar que el factor fundamental que ha motivado los cambios en la posición económica del pueblo negro a lo largo de tres siglos ha sido el afán y la necesidad de los capitalistas de superexplotar su mano de obra, de sujetarla a condiciones especiales de explotación y opresión para sacar ganancias extraordinarias. Esa necesidad de los capitalistas--su adicción a las superganancias--los motivó a establecer una armazón de supremacía blanca y a perfeccionarla con cada nueva generación.

¿Qué pasó con los trabajos?

Los grandes cambios que ocurrieron en los años 60 en Estados Unidos se dieron en un contexto de luchas en Africa, Asia y América Latina contra el colonialismo. En medio de esas luchas, los gobernantes de Estados Unidos posaban de "defensores de la libertad y la democracia". Además, tras el movimiento de derechos civiles estaba surgiendo una lucha de liberación negra revolucionaria. La combinación de la situación internacional y nacional obligó a los capitalistas a ceder un poco. Ante golpes contundentes a la supremacía blanca, se abrieron algunas puertas, un poco, y se permitió que más negros entraran a "la clase media".

Por un lado los capitalistas daban ciertas concesiones, pero por el otro, se lanzaron al ataque. Durante las rebeliones urbanas de 1965 a 1968, las fuerzas del gobierno mataron a centenares de negros en los ghettos del Norte. Asimismo, asesinaron a líderes revolucionarios como Malcolm X y Fred Hampton; los canallas de COINTELPRO (operación de la policía política) atacaron e infiltraron al Partido Pantera Negra.

Además, a principios de los 70, la situación de las masas negras empezó a empeorar. Desde finales de los 50, los capitalistas empezaron a trasladar muchas fábricas a las afueras de las ciudades o al extranjero. Por ejemplo, Detroit perdió 134.000 empleos del sector manufacturero de 1947 a 1963, en un período cuando la fuerza laboral crecía. Una clase de desempleados permanentes surgió en la comunidad negra(3).

La manufactura se trasladó a las afueras de las ciudades, donde por lo general los negros no podían vivir por razones económicas y/o de discriminación. Eso ocurrió por varias razones: era muy costoso comprar terrenos en las ciudades; el nuevo sistema de carreteras hizo posible el transporte económico a las zonas rurales y las afueras (ya no era necesaria tanta centralización); en las afueras cobraban menos impuestos; y el gobierno quería la descentralización en caso de una guerra nuclear. Además, figuraba el gran deseo de los capitalistas de suprimir la combatividad, sobre todo la lucha combativa de los obreros negros. No es que el pueblo negro fuera víctima casual de "lo que convenía al sector privado" y sus ganancias; el hecho es que el gobierno decidió que quería trasladar las fábricas a las afueras y que los negros quedaran segregados en los ghettos (lejos de los trabajos). El gobierno, los bancos y los capitalistas de bienes raíces fomentaron la segregación: se construyó toda la vivienda pública para negros en los ghettos; restringieron la compra y alquiler de casas y apartamentos a ciertas zonas; y los discriminaron en cuestión de préstamos(4).

Esas tendencias no se veían muy claramente en un principio. La economía estadounidense estaba creciendo durante los años 60; debido a eso y a la lucha combativa de las masas negras, finalmente se abrieron las puertas tantito a mejores trabajos industriales para los negros. Pero para mediados de los 70, la economía entró en crisis y las ciudades perdieron montones de trabajos. El cuadro resume la pérdida de empleos manufactureros en importantes ciudades del Norte de 1967 a 1987.

Conseguir un trabajo digno empezó a ser (y sigue siendo) cosa del pasado. En muchos aspectos la discriminación contra los obreros negros en el sector privado ha aumentado. Los resultados de una encuesta a 170 patrones en Chicago de 1987 a 1988 demostraron que el 74% tenía una opinión negativa de los obreros negros. Se quejaban que eran "muy conscientes de sus derechos", "opinan que se les debe algo" y generalmente eran más combativos en cuestiones de salario y condiciones laborales. Hasta dijeron que "la mala actitud de los negros se le está pegando [a los blancos]". (La mayoría de los entrevistados eran blancos, pero un porcentaje mayor de los patrones negros tenía opiniones negativas.) Casi todos los patrones admitieron que utilizan tácticas racistas. Por ejemplo, no ponen anuncios de empleo en periódicos negros ni de circulación general; prefieren sacarlos en periódicos de comunidades blancas. Reclutan en las escuelas blancas. Si ven que un obrero vive en Cabrini Green (comunidad negra), botan la solicitud. Sin embargo, ¡el 96% de esos racistas opinaron que la discriminación no tiene nada que ver con la alta tasa de desempleo en el ghetto!(5)

La situación actual es que en grandes zonas de las ciudades, ¡casi no hay trabajos! Esto es algo nuevo. En 1985, una encuesta en la vivienda pública de Los Angeles encontró un total de 120 personas con trabajo de unas 1060 familias en Nickerson Gardens, 70 de 400 en Pueblo del Río y 100 de 700 en Jordan Downs. (Cuando ofrecieron unos cuantos trabajos de estibador en Los Angeles, 50.000 jóvenes--negros y chicanos--hicieron cola para solicitarlos.)(6) En el barrio negro de Woodlawn, Chicago, había 800 negocios y fábricas en 1950; hoy apenas quedan unos 100, principalmente negocios chiquitos con uno o dos empleados(7).

La pérdida de trabajos durante las últimas dos décadas ha perjudicado a trabajadores blancos y de las minorías. Sin embargo, ha sido más difícil para los negros y latinos encontrar nuevos trabajos; desde luego, en el caso de encontrarlos, generalmente pagan mucho menos. Como dice La pura verdad, verdad liberadora: "Esto es una combinación del `funcionamiento normal' del sistema capitalista, por un lado, y maniobras deliberadas para continuar la discriminación y segregación y joder a los negros, por el otro. Esos dos aspectos son ingredientes esenciales del `American way of life', de cómo el capitalismo se ha desarrollado y cómo opera hoy en la situación concreta de este país, y del papel del imperialismo estadounidense en la economía y política mundial"<8>.

Al mismo tiempo, se han operado otros cambios. Por ejemplo, los capitalistas han reestablecido maquilas y una industria de servicios (como compañías de limpieza) que pagan el mínimo o por debajo del mínimo. Se ha visto un "boom" en la construcción que emplea a trabajadores no sindicalizados. Todos esos negocios pagan una miseria a inmigrantes que vienen por necesidad y que viven bajo la amenaza de ser deportados por la Migra.

Para principios de los 80, se sentían grandes cambios. El sistema industrial que ofreció trabajo a los negros que abandonaron las tierras del Sur durante la primera parte del siglo, ya era cosa del pasado. Los "buenos trabajos" desaparecían. Por otra parte, recortaban los trabajos del sector público como correos, hospitales, servicios sociales, etc., que habían sido otra fuente de "buenos trabajos" para negros. Los ingresos bajaban y el desempleo aumentaba; eso afectaba a la clase obrera en general, pero más a los negros y latinos.

Por otro lado un sector del pueblo negro se integraba a la clase media. La proporción de gerentes, profesionales, técnicos y trabajos administrativos negros aumentó, así como la cantidad de empresarios negros. El 20% de la nación negra recibe el 50% de los ingresos.

Sin embargo, sigue habiendo opresión nacional contra la clase media negra en vivienda, crédito, empleo, cultura; además está el maltrato y la brutalidad policial. El peligro (a veces mortífero) de "ser negro y conducir" ilustra el gran problema de la clase media negra--e inclusive las estrellas de Hollywood--que "se ha superado"; sin embargo no puede ir a pasear en su Mercedes sin exponerse a la humillación, una golpiza, inclusive la muerte a manos de la policía.

Millones de proletarios negros y de otras minorías han quedado atrapados en los ghettos, sin servicios, sin trabajo, sin salida alguna. La situación se volvía desesperante. Así se preparó el terreno para la epidemia del crack, y a eso volveremos en la Parte 3.

*****

Para resumir:

Primero, dos factores han determinado la posición del pueblo negro en la sociedad estadounidense: 1) el inexorable afán del sistema capitalista de superexplotar su mano de obra; y 2) la lucha combativa, y a menudo revolucionaria, de ese pueblo contra el sistema.

Segundo, después de algunas concesiones en los años 60, las condiciones de vida de los obreros negros y latinos han deteriorado, los buenos trabajos son cosa del pasado y en los ghettos casi no hay trabajo.

Tercero, esa era la situación en 1980 cuando creció el tráfico de crack y cuando comenzó la guerra contra la droga y la criminalización de una generación.

PROXIMAMENTE EN EL OR, PARTE 3:
La guerra contra la droga es una guerra contra el pueblo.

Notas:

1. La pura verdad, verdad liberadora: Cómo este sistema siempre ha oprimido al pueblo negro, cómo se puede acabar finalmente con toda la opresión, p. 9.

2. Thomas J. Sugrue, The Origins of the Urban Crisis, Princeton University, 1966, p. 95.

3. Sugrue, p. 126 y American Work: Four Centuries of White and Black Labour, Jacqueline Jones, W.W. Norton & Co., 1998, p. 359.

4. Sugrue, p. 132.

5. When Work Disappears, William Julius Wilson, Alfred A. Knopf, 1997, pp. 111-146.

6. Citado en City of Quartz, Mike Davis, p. 305.

7. When Work Disappears, Wilson, p. 5.

8. La pura verdad, verdad liberadora, p. 14.


This article is posted in English and Spanish on Revolutionary Worker Online
http://rwor.org
Write: Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654
Phone: 773-227-4066 Fax: 773-227-4497
(The RW Online does not currently communicate via email.)