Fase II: Estados Unidos prepara una nueva guerra contra Irak

By Larry Everest

Obrero Revolucionario #1141, 3 de Marzo, 2002, posted at http://rwor.org

Millones de iraquíes seguramente tienen de nuevo terribles pesadillas de guerra. Hace 11 años, una coalición encabezada por Estados Unidos bombardeó a Irak por 42 días y noches, y lanzó una cruel invasión relámpago. Destruyó la infraestructura del país, masacró o enterró vivos a soldados en plena retirada y mató a miles de civiles inocentes. Unos meses después, viajé a Irak y caminé por los escombros del sistema de agua, centrales eléctricas, hospitales, puentes, casas, carreteras y escuelas. Me contaron de las noches de terror en refugios subterráneos sin saber a qué hora iban a atacar los bombarderos y misiles ni quiénes serían las próximas víctimas.

Estados Unidos golpeó sin piedad a la sociedad iraquí y encima la castigó con sanciones económicas que bloquearon la reconstrucción y recuperación. Por 10 años, centenares de miles de niños y ancianos han agonizado por falta de comida, agua potable y medicinas, abatidos por enfermedades fáciles de prevenir, como diarrea, tifoidea, pulmonía y tos ferina. Las salas de los hospitales iraquíes estaban repletas de las víctimas de los crímenes yanquis.

En 1997, las Naciones Unidas informó que más de 1,2 millones de iraquíes habían muerto a consecuencia de las sanciones y la guerra, y que 750.000 eran niños menores de cinco años. Dos años después, UNICEF informó que de 4000 a 6000 niños menores de cinco años morían cada mes debido a las sanciones: ­el equivalente (y más) del siniestro del World Trade Center cada 30 días! El San Francisco Chronicle de hoy cita a un médico iraquí: "Desde la guerra del Golfo, hemos experimentado siete veces la cantidad normal de defectos de nacimiento y cánceres infantiles". ¨La causa?: municiones de uranio agotado de los bombardeos.

Ahora, Estados Unidos nuevamente alista su máquina de guerra y amenaza desgranar muerte y destrucción sobre Irak.

Provocar una"crisis por las inspecciones"

Cuando el presidente Bush anunció la Fase II de "La Nueva Guerra de América" en su discurso sobre el estado de la nación el 29 de enero, fue evidente que Irak sería el primer blanco. En los días y semanas transcurridos desde entonces, tanto informes periodísticos como comentarios de funcionarios del gobierno han comprobado que Estados Unidos trama una nueva agresión contra Irak, un país del tercer mundo más chico que California y con una población de 23 millones de habitantes.

La revista New Republic informó en diciembre pasado: "En este momento no se debate si extender la guerra a Irak o no; eso ya está resuelto. El subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, ha recomendado que Estados Unidos ataque a Irak tan pronto como `veamos la forma más conveniente de hacerlo'. Efectivamente, Estados Unidos piensa atacar".

El secretario de Estado, Colin Powell, el supuesto "moderado" del gobierno, señaló que el equipo de Bush coincide en que es necesario librar una guerra para tumbar al gobierno de Saddam Hussein. Hace poco le dijo al Congreso que "estamos examinando las opciones respecto a un cambio de gobierno" y considerando "la evaluación más seria de las opciones que uno podría imaginar". Tras reunirse con Bush, un iraquí de la oposición pro yanqui dijo: "El presidente está decidido a despachar a Saddam".

No está del todo claro exactamente qué está tramando Estados Unidos ni cuándo, pero todo indica que primero buscará apretar las sanciones a Irak -lo cual aumentará mucho el sufrimiento del pueblo- mientras prepara la opinión pública para el ataque y realiza los preparativos militares. Seguramente exigirá que se permita el regreso de los inspectores de armas estadounidenses y que se les dé rienda suelta para espiar, y cuando Irak no acepte, lanzará la guerra.

Según el New York Times: "Antes de mayo, el equipo de Bush piensa crear lo que se podría llamar una crisis por las inspecciones" para justificar un ataque militar. "No bastará con que nos digan que sí", fuentes de inteligencia le dijeron al periódico inglés Guardian. Esta lógica mafiosa se vio claramente cuando Colin Powell le dijo al Congreso: "Que entren los inspectores al amparo de la ONU", y enseguida agregó: "Estados Unidos posiblemente tendrá que asumir solo el problema del cambio de gobierno". Mejor dicho, exigirá que Irak se desarme y que lo comprueben inspectores de armas, ­mientras prepara una guerra para tumbar al gobierno iraquí! ¨A poco cualquier país soberano aceptará desarmarse ante una amenaza franca de la guerra?

Traman una invasión

Según un reportaje del Guardian: "La estrategia para la campaña contra Irak evolucionó a partir de una propuesta del comando conjunto de invadir desde Kuwait con una fuerza de 200.000 efectivos". Al parecer, actualmente contemplan un grupo menor y móvil de fuerzas especiales y de contrainteligencia en combinación con bombardeos masivos e iraquíes opuestos a Hussein.

Los preparativos militares ya están en marcha. El comando central se ha instalado en el Golfo: la fuerza aérea en Arabia Saudita, el ejército en Kuwait y la Marina en Bahrein; el general de mayor rango de la Infantería de Marina para Asia central y el golfo Pérsico se trasladará de Hawai a Bahrein. Según el New York Times: "No se ha visto un traslado de esta magnitud de comandantes de alto rango al suroeste de Asia desde la guerra del Golfo de 1991". Se suman a los 20.000 soldados que ya están en el golfo Pérsico y a miles más en Afganistán y en el mar Arábigo. Asimismo, han despachado asesores de la CIA y fuerzas especiales a Kuwait.

El Guardian informó que en los próximos meses Estados Unidos, Israel y Turquía realizarán tres ejercicios militares conjuntos desde la base aérea de Konya, Turquía.

El mes que viene, el vicepresidente Dick Cheney viajará a Arabia Saudita, Jordania, Turquía y Kuwait -países colindantes con Irak- y les pedirá colaboración para la campaña militar. En diciembre, unos funcionarios del Departamento del Estado hicieron un recorrido de las regiones semiautónomas curdas del norte de Irak para evaluar sus "capacidades" militares. (­Imagínese el escándalo que se armaría si funcionarios del gobierno de Irak viajaran a Los Ángeles para evaluar las posibilidades de un levantamiento contra el gobierno!)

Todo esto ha causado grandes inquietudes para las demás potencias mundiales y los gobiernos títeres de Estados Unidos en el Medio Oriente, y ha provocardo mucho debate al interior de la clase dominante estadounidense. Pero Estados Unidos se ha emperrado en llevar la batuta de la guerra ilimitada y en librarla solo si es necesario. Como el vicepresidente Cheney le dijo al Consejo de Relaciones Exteriores: "Estados Unidos y solo Estados Unidos llevará esta campaña a la victoria". Y en respuesta a las protestas de los imperialistas europeos por el "unilateralismo" estadounidense, un alto funcionario del gobierno le dijo al New York Times: "O jalan con nosotros o no se metan".

Ciertamente, los planes para una guerra contra Irak subrayan la urgente necesidad de forjar un pujante movimiento de resistencia aquí, en las "entrañas de la bestia".

Aves de rapiña

No es una "guerra justa contra el terrorismo", sino una campaña injusta para reconfigurar las relaciones mundiales conforme a los intereses de la clase dominante capitalista imperialista.

Obrero Revolucionario,10 de febrero de 2002

Las protestas de las potencias europeas ponen de relieve que el discurso de la "guerra contra el terrorismo" disfraza una campaña implacable de reconfigurar el mundo conforme a los intereses de las aves de rapiña yanquis. "No hay ningún indicio, ninguna prueba, de que Irak esté inmiscuido en el terrorismo como se ha venido diciendo en los últimos meses", dijo Ludger Vollmer, viceministro del Exterior de Alemania, "y no debe tomárselo de pretexto para justificar viejas enemistades". Asimismo, el ministro del Exterior francés, Huber Vedrine, señaló: "Nos amenaza hoy un nuevo simplismo que reduce todo a la guerra contra el terrorismo".

Las luchas intestinas de los imperialistas han revelado que el proyecto de Estados Unidos (en la jerga del Pentágono) es "predominio en todo el espectro", mejor dicho, imponer su voluntad militar, económica y política en las regiones estratégicas del planeta. Poderosas fuerzas de la clase dominante consideran que la guerra contra Irak es clave para afianzar el dominio del golfo Pérsico.

Desde la guerra del Golfo, Estados Unidos ha considerado que el gobierno desafiante de Saddam Hussein es una amenaza a su hegemonía, por sus recursos estratégicos y porque alienta a otras fuerzas hostiles. De hecho, aplastarlo fue el verdadero motivo de la guerra del Golfo. Y desde entonces, el surgimiento de grupos fundamentalistas islámicos amenaza desestabilizar importantes aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita. Las aves de rapiña de Washington están alarmadas, consideran que sus intereses en la región peligran y han aprovechado muy calculadamente los acontecimientos del 11 de septiembre para justificar una guerra contra Irak.

El petróleo es un "producto estratégico" vital de las economías capitalistas y los ejércitos modernos, y una enorme fuente de ganancias y poder. El que controle el chorro de petróleo controla a los que dependen de ese recurso, así que es un pilar del dominio mundial yanqui.

El golfo Pérsico -con el 65% de las reservas petroleras, el 34% de las reservas de gas natural y el 30% de la producción de ambos- es el corazón de la industria petrolera mundial. Además, tiene el 70% de la sobrecapacidad de producción mundial que, según la Agencia de Información Energética, es "más importante" porque permite aumentar o disminuir la producción rápidamente, prevenir problemas de abastecimiento y controlar precios.

De hecho, el petróleo del Golfo es cada día más crucial para el capitalismo mundial. En 1983, el 2,9% del petróleo que consumió Estados Unidos venía del Golfo. En 2000, se cuadruplicó al 12,5%. En el caso de Japón, en 1983, el 60% del petróleo provenía del Golfo y en 2000, ascendió al 73%. Actualmente, el 22% del petróleo de Europa Occidental proviene del Golfo. Así que la hegemonía yanqui en el golfo Pérsico le permite dominar a sus rivales imperialistas.

Y para que siga así, durante más de 60 años Estados Unidos se ha valido de todo: golpes preparados por la CIA, intervención militar y chantaje nuclear. En los años 40, el gobierno comentó que Arabia Saudita era "una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los mayores premios materiales de la historia mundial". En los 50, contempló la destrucción de los pozos petroleros y la radiación de los campos de petróleo en caso de una invasión soviética. (New York Times, 29 de enero de 2002). En 1979, el presidente Jimmy Carter calificó al golfo Pérsico de interés vital para Estados Unidos y declaró que desataría una guerra -incluso una guerra nuclear- para mantener su control.

Tras el derrumbe de la Unión Soviética, el petróleo del Golfo era indispensable para el "nuevo orden mundial" yanqui; en 1992, una "Orientación para la Planeación de la Defensa" señaló: "En el Medio Oriente y el suroeste de Asia, nuestro objetivo principal es salvaguardar nuestra posición de potencia extranjera predominante y defender nuestro acceso y el del Occidente al petróleo".

Pero ha resultado más y más difícil controlar el volátil golfo Pérsico, que queda a 12.000 kilómetros de Estados Unidos, y es una región de gran miseria, creciente inestabilidad, grandes aspiraciones nacionales y levantamientos populares contra la opresión y dominación imperialista. Por eso ha aumentado la ingerencia militar yanqui.

En particular, ha resultado muy difícil manejar a Irán e Irak. Ambos países tienen una población relativamente grande, recursos de agua adecuados y enormes reservas de petróleo y, por consiguiente, el potencial de ser potencia regional y retar el dominio estadounidense.

Por muchos años Estados Unidos contó con el leal sha de Irán, quien gobernaba con mano de hierro. Pero cuando cayó en 1979, se vio en la necesidad de lanzar una serie de guerras e intervenciones para aplastar a Irán e Irak . En 1980, alentó a Irak a invadir Irán y atizó una guerra de ocho años que dejó un millón de muertos a fin de debilitar a los dos países; Henry Kissinger sintetizó la perspectiva estratégica imperialista: "­Qué lástima que no pierdan ambos!".

En 1991, una coalición encabezada por Estados Unidos se lanzó a la carga. Invadió a Irak para obligarlo a retirarse de Kuwait, pero más que eso, para destruirlo como potencia regional, y así fortalecer a Arabia Saudita y Kuwait, y dejar muy claro a los rivales imperialistas, las potencias regionales y los pueblos del mundo que reinaba un "Nuevo Orden Mundial" .

La II guerra del Golfo

Estados Unidos obtuvo una victoria a sangre y fuego, pero a pesar de eso no se salió con la suya. No logró tumbar a Hussein y durante la década siguiente perdió paulatinamente fuerza en el Golfo. El equipo de George W. cree que eso se debe a no haber tumbado a Saddam .

En marzo de 1991, inmediatamente después de la guerra, los chiítas del sur y los luchadores curdos del norte se alzaron. Estados Unidos espoleó la rebelión, pero se quedó de brazos cruzados cuando Hussein la aplastó con helicópteros y tropas porque temía que una revolución perjudicara sus intereses, dado que crearía mayor inestabilidad y podría provocar la fragmentación del país. Estaba preocupado por la posibilidad de que la influencia de Irán aumentara en el sur, y que eso repercutiera en Arabia Saudita; por otro lado, la autonomía de Curdistán atizaría la lucha de los curdos contra el gobierno de Turquía, un aliado clave de la OTAN.

Todo eso moldeó la política exterior de la década pasada. Se realizaron varios intentos de tumbar a Hussein: la CIA tramó un golpe en 1996 y trataron de asesinarlo con misiles cruceros en 1998. Pero más que eso, la política de Bush I y Clinton era a debilitar y contener a Irak con crueles sanciones, intermitentes ataques militares y una gran presencia militar en la región.

Las sanciones ligadas al cumplimiento de las inspecciones de armas encerraban una gran contradicción. Según la resolución 687 de la ONU, con el cumplimiento de las inspecciones, las sanciones "dejarán de ser vigentes". Irak cumplió con las inspecciones, pero Estados Unidos no quiso aflojar las sanciones, ni mucho menos levantarlas. Violó las resoluciones de la ONU, y cambió constantemente los criterios y condiciones. Clinton dijo: "Las sanciones seguirán vigentes por toda la eternidad o hasta que dure [Hussein]". La duplicidad yanqui y el enorme sufrimiento del pueblo iraquí prendieron indignación popular en todo el mundo y erosionaron la coalición de la Tormenta del Desierto. El ex inspector de armas Scott Ritter escribió: "El equipo de Clinton estaba decidido a mantener las sanciones a pesar del cumplimiento de Irak; esa falla fundamental destruyó la coalición...".

El fracaso del programa de inspecciones EU/ONU, que sirvió de justificación para las sanciones, se debió a la duplicidad yanqui y a la decisión de imponerlas contra viento y marea. La ONU tuvo que dejar de entrometerse "para arrebatarle a Irak sus armas de destrucción masiva" por dos razones: primero, en general, Irak cumplió; los inspectores de la ONU informaron que terminaron el 95% de su trabajo de destruir las armas nucleares, químicas y biológicas. Pero Irak no recibió ningún beneficio a cambio y no se aflojaron las sanciones. Segundo, a finales de la década pasada, salió a la luz que Estados Unidos aprovechaba las "inspecciones" para espiar con el fin de realizar atentados y tramar un golpe. Esto erosionó más la coalición, y el programa de inspecciones terminó en 1999 cuando Irak no permitió que los inspectores regresaran.

Poco a poco, Irak reestableció relaciones con las potencias mundialesy los países de la región. Un artículode la revista Foreign Affairs (noviembre/diciembre de 2001) señala: "La primacía parió su contrario... El poder ganado en Tormenta del Desierto no fue duradero. Estados Unidos no podía poner a Irak en cuarentena indefinidamente. Tampoco era realista pensar que durara la diversa coalición que se forjó en un momento de gran peligro en 1990-91. Tarde o temprano, Irak e Irán, con su gran peso demográfico y económico, se impondrían nuevamente". Saddam Hussein "se insertó en el orden regional... Conocía muy bien la consternación que se sentía tras la guerra relámpago de Pax Americana. La región se hundió más en la pobreza; el precio del petróleo bajó y la guerra fue muy costosa para los países petroleros que la financiaron".

Los países vecinos empezaron a violar las sanciones. El comercio de Irak con Jordania, Turquía, Siria y Egipto creció, y estimuló esas economías. Solo Arabia Saudita tiene mayores y potencialmente más rentables reservas de petróleo que Irak; así que Rusia, Francia y China reanudaron el comercio con Irak, que les concedió contratos de importación valorados en $6 billones. Con Rusia negoció un acuerdo para un proyecto de desarrollo de 23 años del campo petroleo de Qurna, en el oeste del país, con un valor potencial de $20 billones. El año pasado, el valor de los productos de exportación alemanes a Irak se cuadruplicó a 1,2 billones de marcos.

En 1996, Estados Unidos tuvo que permitir que Irak volviera a vender petróleo a través del programa petróleo-por-alimentos. La ONU retiene las divisas con controles muy estrictos, pero así y todo los ingresos por la venta de petróleo aumentaron de $4 billones en 1997 a $18 billones el año pasado.

Muchos ex miembros de la coalición han reabierto embajadas en Bagdad y en 1998, por primera vez en una década, Irak asistió a una reunión de la Liga Árabe. En marzo pasado, el New York Times señaló: "Después de pasar años de paria económico, Irak nuevamente tiene amigos en las capitales de muchos países".

La situación en Irak está íntimamente ligada con los acontecimientos de toda la región, tales como el deterioro económico y el creciente descontento popular en Arabia Saudita; la mayor influencia iraní; la tendencia hacia el desarrollo de relaciones económicas, políticas y diplomáticas sin la supervisión directa de Estados Unidos; la escalada del conflicto entre Israel y el pueblo palestino; y la creciente ola de antipatía hacia Estados Unidos, atizada en parte por los atropellos contra Irak y el sufrimiento del pueblo iraquí.

Sueños de imperio antesdel 11 de septiembre

Para los imperialistas, la simple supervivencia del gobierno de Hussein era un problema y empañaba la imagen de superpotencia imperialista dominante. Se hablaba del "fracaso" de la política hacia Irak y se reclamaba estruendosamente acción decisiva.

Un ejemplo muy ilustrativo es la carta abierta al presidente Clinton de un grupo de ex funcionarios del gobierno en 1998, que detalló profundas preocupaciones: "La actual política hacia Irak no está logrando sus objetivos y es probable que muy pronto surja en el Medio Oriente una amenaza de la mayor gravedad desde el fin de la guerra fría". Advirtió que esto podría "desestabilizar seriamente la región" y recomendó tumbar a Hussein. Diez signatarios de la carta son ahora altos funcionarios de la administración Bush, entre ellos el secretario y subsecretario de Defensa, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz.

En la campaña presidencial de 2000, tanto Bush como Gore exhortaron a tumbar a Hussein. Y dos meses antes del 11 de septiembre, el Wall Street Journal informó: "Altos funcionarios del gobierno se han reunido casi semanalmente para debatir si se debe tumbar al gobierno [iraquí]".

Con los ataques del 11 de septiembre, como buitres, poderosas fuerzas de la clase dominante aprovecharon el momento en pos de viejos objetivos imperialistas, como tumbar al gobierno de Hussein. Pocos días después del ataque (el 19 y 20 de septiembre), altos funcionarios y ex funcionarios de la Junta de Política de Defensa se reunieron en secreto, y según el New York Times: "Acordaron caerle encima a Irak tan pronto como se cumpliera la fase inicial de la guerra contra Afganistán". La campaña de guerra contra Irak estaba en marcha.

Objetivos imperialistas en el Golfo

La clase dominante está tramando un ataque de gran envergadura contra Irak en el marco de objetivos globales y regionales.

Desde su punto de vista, tumbar a Hussein e instalar un gobierno pro yanqui le permitirá apretar el control del petróleo del Golfo -y los países que dependen de él- y demostrar a los potenciales rivales que tiene la voluntad y el poderío militar para aplastar a sus oponentes. Mucho antes del 11 de septiembre, un integrante del equipo de Bush destacó que las consideraciones globales hacen necesario atacar a Irak: "Lo ideal sería que la primera crisis fuera con Irak porque nos permitiría dejar en claro que es un nuevo mundo".

Una semana después del 11 de septiembre, el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich declaró que hacía falta una gran victoria geopolítica. No basta con "bombardear unas cuantas cuevas en Afganistán", dijo; hace falta tumbar al gobierno de Hussein. Enseguida una bola de reaccionarios, tales como William Bennett, Jeanne Kirkpatrick y Richard Perle, le escribieron a Bush que no tumbar a Hussein "sería rendirse precipitadamente y, quizás, decisivamente en la guerra contra el terrorismo internacional".

Los imperialistas yanquis se proponen controlar más directamente a Irak y su riqueza petrolera e impedir que tenga influencia en los grandes productores de petróleo Arabia Saudita y Kuwait.

Asimismo, tumbar al gobierno de Irak sería un golpe a las demás potencias, como Rusia, China y Francia, que buscan influencia económica y política en la región, y las relegaría a la humillante posición de potencias de segunda. Un ejecutivo petrolero ruso, cuya compañía tiene acuerdos valorados en billones de dólares con Irak, expresó preocupación: "Si Estados Unidos lanza operaciones militares contra Irak, es posible que perdamos un contrato y las compañías americanas nos echen a un lado. Jamás se ha dicho lo contrario".

Por otra parte, el triunfo de una guerra contra Irak impondría hegemonía a los gobiernos regionales que últimamente han tenido sus propios tratos diplomáticos y comerciales con Irak, y los envalentonaría para atacar a los grupos islámicos y otros grupos opuestos a Estados Unidos en sus propias sociedades.

También se cree que una guerra ayudaría a aplastar el creciente fervor popular contra Estados Unidos en el Medio Oriente. El comentarista burgués Andrew Sullivan escribió en The New Republic que el "impacto principal" de una guerra contra Irak "será que el mundo musulmán se dé cuenta de que no debe desafiarnos. Les dará miedo".

Un artículo del Wall Street Journal (19 de diciembre de 2001) pone de relieve la mentalidad mafiosa de la clase dominante estadounidense: "Debemos adoptar una actitud de escepticismo total acerca de lo duraderos que serán nuestros logros en Afganistán... No olvidemos que para el mundo árabe, aunque no para los americanos, el triunfo de la guerra del Golfo se convirtió en fracaso... Nuestra imagen de superpotencia se dañó porque Washington no pudo darle mate a Saddam Hussein... los virulentos sentimientos antiamericanos en el Medio Oriente musulmán no se atizaron debido al milenario conflicto del Occidente y el Islam (ni a su expresión actual, la guerra entre los israelíes y los palestinos), sino debido a la impresión totalmente natural de que América se batía en retirada... si realmente nos proponemos extinguir los anhelos que engendraron a al-Qaeda y produjeron un violento antiamericanismo en todo el Medio Oriente, debemos infundir de nuevo en nuestros amigos y enemigos por igual el miedo y respeto que corresponden a una gran potencia. No basta simplemente con ganar la guerra en Afganistán... solo una guerra contra Saddam Hussein nos devolverá el debido respeto a nuestro poderío que protege a la ciudadanía en este país y nuestros intereses en el mundo".

Amenazas arrogantes, consecuencias impredecibles

Las arrogantes amenazas de guerra contra Irak han prendido gran polémica y debate, especialmente de las potencias mundiales y los países vecinos, y también al interior de la clase dominante estadounidense. "Los aliados no son satélites", advirtió el ministro del Exterior alemán, Joschka Fischer, cuando Estados Unidos dijo que Europa debe aceptar sus orientaciones y dirección.

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo: "En este momento, no sería conveniente ningún intento o decisión de atacar a Irak, y podría provocar una gran escalada militar en la región". El gobierno de Arabia Saudita se ha manifestado contra la guerra, y el presidente de Turquía advirtió: "Turquía considera de gran importancia preservar la integridad nacional y territorial de Irak".

La semana pasada el viceprimer ministro de Turquía dijo: "No aceptamos que se desarrolle al margen de nuestro conocimiento e iniciativa un proceso que nos impactará mucho, que no se tomen en cuenta nuestras prioridades ni que se pisoteen nuestros intereses nacionales... No queremos un caos con consecuencias impredecibles en nuestras fronteras... Los países que contemplan intervenir en Irak deben sumar a los costos de dicho proceso las pérdidas que Turquía sufriría directa o indirectamente".

Por su parte, el mayor movimiento de oposición chiíta contra Hussein, que actualmente está establecido en Irán, se opone a la invasión: "No hay por qué enviar tropas desde el extranjero", dice el ayatolá Mohammad Bakr al-Hakkim, el jefe del Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Irak, "porque podría verse como una invasión y crear nuevos problemas". Incluso las organizaciones curdas de Irak, que tienen muchos más alzados en armas que las demás fuerzas de oposición, consideran que una intervención yanqui los perjudicaría.

Las potencias mundiales debaten muchos interrogantes. ¨Qué pasaría si cayera el gobierno de Hussein? ¨Irak se dividiría en el sur chiíta, el norte curdo y el centro sunita? Dado que Irán cobrará mayor influencia con la caída de Irak, ¨no sería el verdadero ganador? ¨Una guerra contra Irak le echaría leña al fuego de la rabia contra Estados Unidos en todo el Medio Oriente y debilitaría -o quizás tumbaría- los gobiernos pro yanquis?

El debate sobre estrategia militar y las posibles secuelas de una guerra contra Irak subrayan las enormes y quizás impredecibles consecuencias para la región y el mundo del proyecto de tumbar a Hussein.

Pero los que llevan la batuta en Estados Unidos han indicado muy claramente que están decididos a seguir adelante a pesar de la oposición de sus aliados.

En todo caso, es irrefutable que una campaña contra Irak -aunque seguramente se haría con el pretexto de ayudar al pueblo iraquí- causaría terrible destrucción y sufrimiento. Los que vivimos en Estados Unidos tenemos el gran deber de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para oponernos a esa guerra injusta y criminal.


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